Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia. Al continuar navegando, aceptas su uso.
Después de todo, hay una pregunta que queda en el aire.
No sobre la muerte.
No sobre quienes se fueron.
Ni siquiera sobre el dolor.
Sobre ti.
¿Quién eres cuando dejas de sostenerlo todo?
Cuando ya no necesitas explicarlo, ni justificarlo, ni mantener viva una historia para sentir que tuvo sentido.
Al principio hay un vacío extraño.
Porque durante mucho tiempo fuiste la que entendía, la que sostenía, la que recordaba, la que cargaba.
Y soltar eso… descoloca.
No porque pierdas algo, sino porque dejas de ser quien eras dentro de esa historia.
Pero si no huyes de ese espacio, si no lo llenas demasiado rápido… algo nuevo aparece.
Más silencioso.
Más ligero.
Más tuyo.
Una forma de estar donde ya no necesitas el pasado para saber quién eres.
Y ahí, sin esfuerzo, la vida empieza a moverse distinto.
No porque haya cambiado fuera.
Sino porque tú ya no estás en el mismo lugar.
Quizá de eso se trata al final.
No de entenderlo todo.
No de cerrar cada herida.
No de encontrar respuestas definitivas.
Sino de permitirte ser alguien que ya no necesita sostener el dolor para sentirse completa.