No llegué al tema de la muerte desde la teoría, sino desde la experiencia.
Mi primer contacto fue muy temprano: tenía apenas dos años cuando vi a mi madre inconsciente y creí, con la lógica profunda de una niña, que había muerto. Aún no sabía ponerle palabras, pero algo quedó grabado ahí: la fragilidad, el miedo, la sensación de que todo puede cambiar en un instante.
La primera ausencia larga llegó más tarde, a los diecinueve años, con la muerte de mi primer amor. Fue entonces cuando el dolor dejó de ser una idea y se convirtió en presencia diaria, en silencio, en preguntas sin respuesta. Esa pérdida marcó un antes y un después en mi forma de mirar la vida.
Mucho tiempo antes de escribir este libro, el cuerpo empezó a buscar caminos. El yoga llegó a mí hace más de veinte años, no como una moda ni como una disciplina física, sino como un espacio de sostén. En 2008 me formé como profesora, y a partir de ahí comenzaron a abrirse puertas: el trabajo corporal, la respiración, la conciencia, el acompañamiento interior. Cada paso fue ampliando la escucha y el respeto por los procesos propios y ajenos.
Este libro nació mucho después, cuando murió mi madre. Empezó como un acto íntimo, casi secreto, de autoterapia. Escribir fue mi manera de sostenerme, de ordenar el dolor, de no perderme en la culpa ni en el miedo. Y, sin darme cuenta, las palabras empezaron a crecer. Había tanto por decir, tanto por compartir, que entendí que aquello que me estaba sanando a mí podía también acompañar a otras personas.
No escribo desde las certezas absolutas, sino desde lo vivido. Desde la experiencia del amor, de la pérdida, del cuerpo que siente y del alma que busca sentido. Mi intención no es explicar la muerte, sino mirarla con honestidad, con respeto y, sobre todo, con amor.
Si has llegado hasta aquí, quizá no sea casualidad. Tal vez, como yo, estés buscando una forma más humana y más luminosa de comprender la vida cuando la muerte toca la puerta.
A lo largo de los años me he formado en distintas disciplinas como la naturopatía, la programación neurolingüística, el trabajo energético y otras vías de acompañamiento consciente. No como etiquetas, sino como herramientas que me permiten adaptar cada proceso a la persona que tengo delante.